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Debilita el ozono a la masa forestal 




Fecha: 2024-05-06


Por Alejandro Ramos Magaña 


 


El ozono a nivel de superficie se ha convertido en una seria amenaza para la biodiversidad. Afecta a la salud humana, pero también es agresivo con las plantas, insectos y microorganismos.


La concentración permanente de este gas tóxico, principalmente, en la región surponiente de la Ciudad de México produce daños en la vegetación y afecta la reproducción y desarrollo de la masa forestal. 


En esta zona de la capital del país el ozono se queda atrapado en las montañas (por eso tenemos ozono diurno y nocturno) y las altas concentraciones han provocado daños a los pinos hartwegii o de las alturas, patula y montezumae, así como a otros árboles y plantas del Ajusco, Desierto de los Leones y Los Dinamos, principalmente.


Los daños también se presentan, aunque con menor gravedad, en los árboles y plantas de camellones, jardines y parques urbanos. 


La superficie de suelo de conservación de la Ciudad de México es 88 mil 442 hectáreas, lo que equivale al 57% del total de la supercie de la capital del país. Y dentro de este polígono natural se ubican 36 poblados rurales. Además, el 80% del suelo de conservación corresponde a propiedad social, cascos urbanos, zonas agrícolas y forestales. Y se estima una tasa de deforestación promedio anual en 240 hectáreas.


De acuerdo con investigadores de la Universidad Autónoma de Chapingo, la masa forestal de las zonas montañosas se va debilitando hasta la muerte por los efectos del ozono.
Los árboles quedan débiles y son fácil presa de los insectos y descortezadores. Ésta es una de las causas por las que las cimas de las zona montañosas se van quedadando 'pelonas', y en su lugar sólo crecen pastizales, el cual es más resistente al ozono.


Hasta algunos cultivos también son impactados por el gas tóxico como ocurre con el frijol pinto, el cual se siembra en las áreas rurales de la Ciudad de México, lo que provoca una reducción de rendimiento hasta de 45%.


El ozono en una planta o árbol le causa daños en los tejidos. En los ejemplares más maduros es donde la afectación es mayor, y a simple vista se le observan manchas en las hojas, pero también puede haber efectos indirectos, como el caso de la regeneración natural de los bosques, porque impacta la germinación del polen. No hay reproducción de arbolitos, y por eso la cima de los cerros se ven 'pelones' porque la especie más sensible es la que 
crece en las alturas, y ahí está acabándose.


Sin duda, el daño es semejante en los humanos y las plantas, pues acelera el envejecimiento de los tejidos. El ozono penetra por los estomas de las hojas (son como las boquitas de la planta), y va afectando la planta, cuyas hojas cambian de color y se debilitan. Esto se relaciona con lo que uno aprecia en una defoliación o caída de hojas de los árboles.


Los expertos me precisan que las plantas padecen cambios en la química de las hojas, y esto impacta en los compuestos olorosos que segregan, en el crecimiento,  vigorosidad y valor nutricional.


En los insectos el ozono provoca un desorden en la búsqueda de plantas polinizadoras de las que se alimentan o de hojas para poner los huevos, lo que genera una disminución en su reproducción y masa corporal.


Existe otro dato muy revelador que ofrecen los investigadores es sobre la alta concentración de ozono que llega a mermar las concentraciones de microorganismos que viven en el subsuelo, pues altera la retroalimentación entre el suelo y las plantas, los ciclos globales del carbono o del nitrógeno. 


Los biólogos me aseguran que aún faltan más estudios para poder seleccionar otros tipos de especies de árboles y plantas que se puedan sembrar en las zonas donde hay mayor daño por el ozono, aunque no por ello se debe dejar de reforestar, pues hay especies que se van haciendo más resistentes a la contaminación atmosférica, como el pino ayacahuite.


Hasta el momento la única alternativa de solución es la misma que para el humano: cambiar la tecnología automotriz por una más limpia (vehículos híbridos y eléctricos), tener gasolinas más limpias y bajar más las emisiones que producen los 10 millones de automotores (de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México), así como de la industria y la termoeléctrica de la CFE y la refinería de Pemex en Tula, Hidalgo, y de talleres en colonias y barrios.


También es importante mantener las investigaciones en la masa forestal, puesto que en los últimos años se le suman los impactos del cambio climático, que va en paralelo con la contaminación atmosférica.





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