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Llamados, alertas y más alertas ... y el calentamiento global rebasa límites




Fecha: 2022-11-01


Por Alejandro Ramos Magaña 

Si bien la Revolución Industrial (entre 1760-1840) fue una etapa de profundos cambios económicos y tecnológicos en el mundo, también dejó una impactante huella de carbono en el planeta con un aumento de la temperatura 1.1°C, provocando, a la fecha, una serie de fenómenos naturales sin precedentes que afectan a la biodiversidad.


Y si las emisiones de gases de efecto invernadero (siendo los principales el dióxido de carbono, metano y el óxido nitroso) no disminuyen, pues en 2021 alcanzaron niveles récord en la atmósfera, se prevé que la temperatura aumente a nivel global entre 2,0 °C y 2,5 °C hacia 2050, lo que traería severas y peligrosas repercusiones para la humanidad y para todos los ecosistemas en su conjunto.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) alertó que hay 200 veces más dióxido de carbono que metano en el aire (y el CO2  permanece en la atmósfera entre 5 y 200 años, y el metano en promedio 12 años, aunque este es más potente en atrapar el calor), lo que eleva el riesgo de que el planeta supere el límite de calentamiento global acordado por las naciones en el Acuerdo Climático de París 2015, quienes plantearon un límite de calentamiento en 1,5 °C.

De acuerdo con la organización Climate Central, la cual difunde sistemáticamente información sobre climatología, entre ellas el Índice de Cambio Climático (CSI por sus siglas en inglés), entre octubre de 2021 y septiembre de 2022 más de 7 mil 600 millones de personas (96% de la población mundial) experimentaron  temperaturas medias diarias influenciadas por el cambio climático.

En los últimos 21 años la comunidad científica a nivel mundial ha asegurado que la actividad humana está modificando la composición química de la atmósfera del mundo, siendo el cambio más importante el aumento en la concentración del dióxido de carbono (C0₂), ocasionado principalmente por la quema de combustibles fósiles.

Si bien las emisiones del C0₂, de los gases metano (CH₄) y óxido nitroso (N₂O), principalmente, han afectado el balance térmico del planeta ‒en los que se suman la destrucción de bosques y suelo de conservación‒, es importante hacer notar que el agua es otra variable a destacar en su vinculación con el cambio climático.


La disponibilidad del agua es un tema central que debe mantener la misma prioridad en la agenda internacional de cambio climático, sobre todo ahora en la próxima COP27.




Los impactos que está ocasionando la crisis climática son evidentes con las constantes olas de calor, lo que intensifica y prolonga sequías y más incendios forestales, deshielo de los glaciares, aumento del nivel del mar y las tormentas desatan graves consecuencias con las inundaciones y deslaves de cerros.

México tiene un compromiso internacional de reducir las emisiones de dióxido de carbono, metano y de óxido nitroso (el país ocupa el lugar 14 a nivel mundial entre las naciones con mayores emisiones de los gases de efecto invernadero), que provocan el calentamiento global. Pero también deben mirar hacia otros temas, que merecen atención especial, como el agua y el ordenamiento territorial con el fin de evitar la destrucción de bosques.

Las iniciativas de crecimiento, en el país, apuntan contra la fragilidad de las áreas verdes y suelo de conservación, ya sean protegidas, parques nacionales o bosques urbanos.

El monitoreo sistemático de los acuíferos, el fortalecimiento de la infraestructura hidráulica, así como la recuperación de suelos y masa forestal son acciones que deben estar en las agendas de gobernanza de las autoridades federales y locales, y de ahí fortalecer sus compromisos mundiales.

El manejo del agua y el monitoreo en materia de abatimiento de acuíferos son líneas estratégicas que se deben implementar y evaluarlas periódicamente, independiente de los acuerdos a los que se lleguen a nivel internacional por parte del gobierno mexicano, porque ya son elementos de afectación concreta que se vienen repitiendo con mayor incidencia, y es a lo que se tiene que estar preparado ante los retos de la crisis climática.

Por ejemplo, en la Ciudad de México se estima que cerca de 2,5 millones de personas padecen diariamente el problema de desabasto de agua, principalmente en la zona oriente. Sin embargo, este asunto que debería ser de alta prioridad, empezando con el sistemático monitoreo del abatimiento de los acuíferos, por ahora sólo vemos acciones paliativas de respuesta como es el plan de pipas de agua para atender el desabasto.

En la Ciudad de México una tercera parte del agua proviene de mil 100 metros (Sistema Cutzamala y la extracción de pozos), se bombea desde muy debajo de tal forma que, para darle el líquido suficiente a una vivienda, al año se gasta más electricidad que lo que consume de agua una casa promedio, como 2 mil kilowatts al año, sólo de darle un metro cúbico (mil litros), porque hay que succionarla, no es como el petróleo que tiene su propia presión.

Pero en este caso la estrategia de adaptación y de reducción de vulnerabilidad tienen que ver con cuidar el suelo de conservación y con el agua. Hay preocupaciones que no tienen que ver con el cambio climático, pero hay soluciones que tendrán que ver con el efecto de mitigación.

En México hay estudios sobre las causas y efectos del cambio climático, y los más afectados son la agricultura, el agua y los bosques.

Pero también existe un pasivo ambiental en la Ciudad de México, y en el país en general, es la construcción de edificios, los cuales no acatan la NOM 008-ENER-2001 (eficiencia energética en edificaciones) que exige construcciones cada vez más ahorradoras de energía, pero en la práctica ocurre todo lo contrario, lo que genera más emisiones de gases efecto invernadero, al quemarse más combustóleo y gas natural para generar energía eléctrica destinada a enfriar a los inmuebles.

Y la estrategia de cambio climático nacional no refiere nada a los edificios, y un edificio construido hoy tiene efecto por 30 años, entonces un edificio mal diseñado en la Ciudad de México va a requerir aire acondicionado, de una manera significativa, pues el calor sigue en aumento.

El proceso de urbanización en los últimos 40 años ha producido cambios en la temperatura del Valle de México, siendo ahora 2 grados Celsius más caliente de lo que era a mediados de los años 70, y aproximadamente 4 grados de lo que era a principios del siglo XX.

Los expertos se han centrado en experimentos numéricos para concluir que quizá el cambio del clima en la Ciudad de México se debe esencialmente al proceso de urbanización, cerca de 3 grados y al cambio climático global con 1 grado.

 A la luz de las amenazas ambientales que enfrentamos, es muy necesario que la ciudadanía perciba con información precisa los alcances de estos problemas, así como de las formas activas en que pueda colaborar en su solución. Somos los ciudadanos quienes con nuestro comportamiento generamos estos problemas, y los gobiernos quienes las complican por posturas políticas e intereses económicos.

No cabe duda, seguir utilizando recursos finitos para la solución de problemas que tienen su origen en la falta de sensibilidad y espíritu colectivo, es prolongar la agonía.

Hace un año la esperanza de la humanidad se centró en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2021 (COP26), en Glasgow, Escocia, pero mientras se firmaron acuerdos por la defensa de los bosques y por frenar la deforestación, así como en las reducciones del metano, lo cierto es que muchos gobiernos, entre ellos México, signan pactos, pero continúan en sus territorios con programas de uso de energía fósil como es el caso de la construcción de la refinería de Dos Bocas, a un alto costo económico y con severos daños al ambiente. El retroceso del país es aterrador, pero el gobierno de López Obrador sigue aplaudiendo la obre de la refinería. Al tiempo

El año pasado expertos afirmaban que la COP26 era la última llamada para salvar al planeta, pero la regulación climática quedó fragmentada sólo con esfuerzos locales y en otros países con claras muestras de estancamiento total.

Las acciones por el agua deben ser complementarias a las que se derivan de los grandes compromisos como lo ha sido con el Protocolo de Kioto (1997) o con el Acuerdo de París (2015), tendientes a la disminución de emisiones de los gases de efecto invernadero (GEI), pero esos compromisos hídricos ante el cambio climático deben ser más fuertes. Ahí está un reto para la próxima Cumbre del Clima de Naciones Unidas (COP27) a realizarse este mes en Egipto.


El bienestar de la humanidad aún está muy lejos... ¿Lo alcanzaremos?


 


 


 


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