El dinero que el Presidente podía gastar sin explicar: así funcionaba la “partida secreta”
La “partida secreta” permitió a presidentes manejar recursos con gran discrecionalidad. Así funcionó y desapareció tras décadas de polémica.
Por Mario Victorino
Durante décadas, el Presidente de México tuvo acceso a recursos públicos cuyo ejercicio estaba rodeado de una amplia discrecionalidad y controles de fiscalización limitados. A esa figura se le conoció popularmente como la “partida secreta”, uno de los mecanismos más representativos del antiguo presidencialismo mexicano.
El concepto suele asociarse con los gobiernos del PRI, particularmente con el de Carlos Salinas de Gortari, aunque su historia es más amplia y también alcanza los primeros años de la transición política que llevó al PAN a la Presidencia.
La “partida secreta” no significaba necesariamente que el dinero estuviera completamente oculto del Presupuesto de Egresos. Su particularidad estaba en que el Ejecutivo podía disponer de determinados recursos sin estar sujeto a los mecanismos ordinarios de comprobación y transparencia que hoy se consideran indispensables en el ejercicio del gasto público.
Su existencia estuvo incluso contemplada durante años en la Constitución.
¿Qué era la partida secreta?
La llamada partida secreta tenía antecedentes en diversas bolsas presupuestarias destinadas a gastos contingentes, eventuales o extraordinarios.
Con el tiempo, estos recursos quedaron vinculados al poder presidencial y permitieron que el titular del Ejecutivo dispusiera de dinero público con un margen considerable de discrecionalidad.
La Constitución establecía en el artículo 74, fracción IV, que no podía haber otras partidas secretas fuera de aquellas que fueran necesarias en el propio Presupuesto. También señalaba que los secretarios podían ejercerlas mediante acuerdo escrito del Presidente.
El problema central no era únicamente la existencia de una partida con ese nombre, sino el nivel de información disponible sobre el destino final de los recursos.
En el modelo político del presidencialismo priísta, donde el Ejecutivo tenía una influencia considerable sobre el Congreso y sobre buena parte de las instituciones públicas, la existencia de una bolsa de estas características se convirtió en uno de los ejemplos más claros de la concentración de poder presupuestario.
Salinas, el presidente más asociado con la partida secreta
Cuando se habla de la partida secreta en México, uno de los nombres que aparece con mayor frecuencia es el de Carlos Salinas de Gortari.
Una iniciativa presentada en el Senado en 2018, que citó investigaciones del politólogo Sergio Aguayo, señaló que entre 1983 y 1997 los presidentes mexicanos habían ejercido aproximadamente mil 342 millones de dólares mediante este tipo de recursos.
De acuerdo con esa referencia, Salinas habría concentrado alrededor de 63 por ciento del monto correspondiente a ese periodo.
Otras reconstrucciones históricas han calculado para su administración una cantidad cercana a 854.7 millones de dólares.
Las cifras deben tomarse con cautela debido a las diferencias metodológicas, los periodos considerados y las conversiones monetarias utilizadas en las distintas investigaciones.
Lo que sí resulta claro es que el sexenio de Salinas se convirtió en el principal referente histórico cuando se habla de la utilización de recursos presidenciales de carácter reservado o discrecional.
¿En qué se utilizaba ese dinero?
Una de las principales dificultades para reconstruir el destino exacto de estos recursos es precisamente la falta de información detallada y comprobable que caracterizó durante años a estas partidas.
Documentos y reconstrucciones históricas han señalado que podían destinarse a diferentes gastos relacionados con la Presidencia, incluyendo viajes, actividades oficiales y otros conceptos.
La ausencia de una fiscalización detallada permitió que la partida fuera considerada durante años como una especie de bolsa de disponibilidad presidencial.
Esto generó críticas porque el Congreso podía aprobar el recurso de manera general, pero la información sobre el gasto específico no necesariamente estaba disponible con el nivel de detalle que posteriormente exigirían los sistemas modernos de transparencia y rendición de cuentas.
Por ello, la expresión “partida secreta” terminó adquiriendo una fuerte carga política.
Zedillo y el principio del fin
La historia cambió durante el gobierno de Ernesto Zedillo.
En 1997, el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, un hecho que modificó la relación entre el Ejecutivo y el Congreso.
A partir de entonces, los legisladores comenzaron a ejercer un mayor control sobre el Presupuesto y se redujeron los recursos destinados a este tipo de mecanismos.
Para 1998, el monto autorizado para la partida quedó en cero, de acuerdo con documentos legislativos posteriores.
Así, aunque la disposición constitucional todavía permanecía, la partida perdió progresivamente su contenido presupuestario.
Esto es importante porque significa que la desaparición práctica de la antigua partida secreta comenzó antes de la llegada del PAN a la Presidencia.
¿Fox tuvo una partida secreta?
La llegada de Vicente Fox a la Presidencia en 2000 representó la primera alternancia partidista en el Ejecutivo federal en más de siete décadas.
Sin embargo, no es correcto equiparar los recursos utilizados durante su gobierno con la antigua partida secreta de los gobiernos priístas.
Los proyectos presupuestarios de la administración de Fox dejaron de contemplar recursos para aquella partida presidencial tradicional.
En 2001, Fox incluso planteó eliminar las partidas cuyo ejercicio no pudiera ser fiscalizado y propuso mecanismos relacionados con gastos de carácter confidencial para asuntos de seguridad pública y nacional, pero bajo fiscalización de la entonces Auditoría Superior de la Federación.
La diferencia es fundamental: los recursos reservados por razones de seguridad no son automáticamente equivalentes a la antigua partida secreta.
¿Y Felipe Calderón?
Algo similar ocurrió durante el gobierno de Felipe Calderón.
Ya no existía la antigua bolsa presidencial en las condiciones en las que había operado durante buena parte del régimen priísta.
Sin embargo, durante los gobiernos panistas continuaron las discusiones sobre recursos reservados, gastos de seguridad nacional y mecanismos presupuestarios cuya información podía mantenerse bajo reserva.
Por ello, las expresiones “partida secreta” y “gastos confidenciales” no deben utilizarse como si fueran necesariamente sinónimos.
La primera tiene una historia constitucional y presupuestaria específica; los segundos pueden referirse a recursos cuyo detalle está protegido por disposiciones relacionadas con seguridad nacional u otras excepciones legales.
La “partida secreta” sobrevivió en la Constitución
Aunque la partida dejó de recibir recursos presupuestarios desde finales de los años noventa, el concepto permaneció durante años en el texto constitucional.
Esto generó una discusión entre quienes consideraban que la figura debía eliminarse definitivamente y quienes sostenían que podía mantenerse para situaciones excepcionales.
Finalmente, el Congreso aprobó en 2019 una reforma constitucional para eliminar del artículo 74 la posibilidad de establecer partidas secretas.
Con ello se cerró jurídicamente la puerta a una figura que había formado parte del sistema presupuestario mexicano durante décadas.
¿Por qué fue tan polémica?
La controversia alrededor de la partida secreta se explica principalmente por tres elementos: discrecionalidad, fiscalización limitada y concentración del poder presupuestario.
En el presidencialismo mexicano del siglo XX, el Ejecutivo tenía una influencia política mucho mayor que la que tendría después de la alternancia y de la creciente autonomía de instituciones de fiscalización.
La posibilidad de contar con recursos cuyo destino no era públicamente detallado alimentó cuestionamientos sobre el uso del dinero público y sobre la capacidad real del Congreso para vigilar al Presidente.
Con la apertura política de los años noventa y la alternancia de 2000, los mecanismos de control presupuestario fueron adquiriendo mayor importancia.
La evolución de la partida secreta forma parte, por tanto, de una transformación más amplia: el paso de un sistema presidencial con amplios márgenes de discrecionalidad hacia uno con mayores controles legislativos, de fiscalización y transparencia.
¿La partida secreta desapareció con el PRI?
La respuesta requiere una precisión histórica.
La antigua partida secreta presidencial perdió prácticamente su contenido presupuestario a finales del gobierno de Ernesto Zedillo, antes de la llegada del PAN al poder.
Durante los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón hubo recursos reservados y confidenciales, particularmente relacionados con seguridad, pero eso no significa que ambos presidentes hubieran dispuesto de una partida secreta idéntica a la utilizada durante el periodo de mayor poder presidencial priísta.
Finalmente, en 2019 se eliminó del texto constitucional la posibilidad de establecer este tipo de partidas.
Así, la historia de la “partida secreta” es también la historia de la transformación del poder presidencial en México: de una época en la que el Ejecutivo podía manejar importantes bolsas presupuestarias con escasa información pública, a un sistema en el que el gasto federal está sujeto a mayores obligaciones de fiscalización y transparencia.
La expresión, sin embargo, permanece en el debate político porque se convirtió en uno de los símbolos de la discrecionalidad con la que durante décadas se ejercieron recursos públicos desde la Presidencia de la República.