Cárteles mexicanos habrían enviado operadores a Ucrania para aprender guerra con drones

La guerra de drones de Ucrania podría estar acelerando una nueva amenaza en México: cárteles ya adoptan tácticas y tecnología para sus operaciones.

masclaro.mx
today 08/10/2026

Por Mario Victorino

 

La guerra entre Rusia y Ucrania se ha convertido en un laboratorio de innovación militar que, de acuerdo con distintos reportes de inteligencia y medios internacionales, también estaría siendo observado por organizaciones criminales de América Latina. Investigaciones recientes apuntan a que presuntos integrantes de cárteles mexicanos y grupos criminales colombianos habrían intentado aprovechar su paso por Ucrania para adquirir experiencia en el uso de drones y otras tecnologías empleadas en el campo de batalla.

El fenómeno ha encendido alertas entre autoridades de distintos países debido a la posibilidad de que conocimientos desarrollados o perfeccionados durante el conflicto puedan terminar incorporándose a las capacidades de organizaciones delictivas en México y Colombia. La preocupación no radica únicamente en la presencia de ciudadanos latinoamericanos en Ucrania, pues miles de extranjeros han acudido al país para combatir del lado ucraniano, sino en los casos específicos en los que las autoridades han detectado posibles vínculos con estructuras criminales.

Reportes publicados por medios como Defense News y Foreign Policy señalan que agencias de inteligencia ucranianas y mexicanas han investigado la posible infiltración de integrantes de organizaciones criminales latinoamericanas en la Legión Internacional de Ucrania. El objetivo que se atribuye a algunos de estos individuos sería aprovechar el entrenamiento y la experiencia adquirida en un conflicto donde los drones FPV se han convertido en una herramienta fundamental.

 

Ucrania, un campo de aprendizaje para la guerra con drones

La guerra en Ucrania ha transformado de manera acelerada el uso militar de drones. Los aparatos comerciales modificados y los sistemas FPV han adquirido un papel central en las operaciones de ambos bandos, mientras que la experiencia obtenida en el campo de batalla se difunde rápidamente mediante imágenes, videos y contenidos publicados en internet.

Ese fenómeno ha tenido consecuencias que van más allá de Europa. Diversos grupos armados y organizaciones criminales han comenzado a incorporar drones comerciales para vigilancia, reconocimiento y ataques, mientras que los conocimientos desarrollados durante la guerra de Ucrania han despertado el interés de actores que no forman parte de ejércitos convencionales.

En México, organizaciones como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el Cártel de Sinaloa han sido señaladas durante los últimos años por ampliar el uso de drones dentro de sus actividades. El empleo de estos dispositivos habría evolucionado desde labores de vigilancia y reconocimiento hasta aplicaciones ofensivas, particularmente en zonas donde las organizaciones criminales disputan territorios.

De acuerdo con reportes citados por medios internacionales, el CJNG incluso habría creado desde 2023 una estructura dedicada a operadores de drones. Sin embargo, las investigaciones sobre posibles viajes de integrantes de organizaciones criminales a Ucrania buscan determinar hasta qué punto esos grupos han intentado complementar sus capacidades con experiencia adquirida directamente en el campo de batalla europeo.

 

El caso de “Águila-7” y la investigación sobre mexicanos

Uno de los casos que más atención ha recibido es el de un ciudadano mexicano identificado bajo el alias de “Águila-7”. Según reportes citados por Defense News, el individuo habría llegado a Ucrania en marzo de 2024 utilizando documentación salvadoreña presuntamente falsa y se habría presentado como voluntario humanitario.

La investigación habría detectado posteriormente que tenía conocimientos técnicos inusualmente avanzados relacionados con drones y que recibió entrenamiento en la ciudad de Leópolis. Las autoridades buscaron determinar si su presencia en Ucrania estaba relacionada con un interés específico en obtener experiencia con drones para posteriormente utilizarla con fines criminales.

El caso resulta relevante porque, de acuerdo con las investigaciones reportadas, no se trataría simplemente de un extranjero que acudió a combatir en Ucrania, sino de una persona cuyo perfil habría generado sospechas sobre una posible intención de aprovechar el conflicto para adquirir conocimientos que pudieran ser trasladados posteriormente a organizaciones criminales.

Las autoridades mexicanas también habrían advertido a sus contrapartes ucranianas sobre la posible presencia de integrantes de organizaciones delictivas entre los extranjeros que buscaban incorporarse a estructuras militares. La investigación posteriormente se habría ampliado para revisar posibles vínculos con ciudadanos colombianos.

 

También investigan a colombianos vinculados con grupos criminales

El caso mexicano no sería aislado. Reportes de inteligencia citados por medios estadounidenses señalan que ciudadanos colombianos relacionados presuntamente con estructuras criminales también habrían viajado a Ucrania y que algunos podrían haber buscado específicamente unidades donde pudieran adquirir experiencia relacionada con drones.

La preocupación se relaciona además con la experiencia que algunos excombatientes colombianos han acumulado durante décadas en conflictos internos. Después de su paso por organizaciones armadas, algunos especialistas en seguridad consideran que determinados conocimientos militares pueden terminar siendo aprovechados por grupos criminales, especialmente cuando existen redes de reclutamiento y mercados clandestinos de capacitación.

Foreign Policy ha señalado que miles de colombianos han viajado a Ucrania desde el comienzo de la invasión rusa y que algunos combatientes con experiencia adquirida en el conflicto posteriormente pueden convertirse en una fuente de conocimiento para organizaciones criminales de la región.

Esto no significa que los colombianos que combaten en Ucrania tengan vínculos con el crimen organizado. La mayoría de los voluntarios extranjeros no están acusados de pertenecer a organizaciones criminales y la existencia de combatientes latinoamericanos en el conflicto no constituye, por sí misma, evidencia de una operación delictiva. Las investigaciones se concentran en casos concretos en los que existen indicios adicionales sobre posibles vínculos criminales.

 

La preocupación llega hasta México

El posible traslado de conocimientos desde Ucrania hacia México adquiere especial relevancia por la rápida expansión del uso de drones por parte de organizaciones criminales mexicanas. En distintas regiones del país, estos dispositivos ya forman parte de las herramientas utilizadas por grupos delictivos para vigilar movimientos de fuerzas de seguridad, observar territorios y realizar ataques.

Un reporte citado por The Washington Post señaló en septiembre de 2026 que funcionarios estadounidenses y mexicanos habían identificado una evolución preocupante en las capacidades de los cárteles mexicanos en materia de drones. Según ese reporte, algunas organizaciones habrían comenzado a reclutar colombianos que regresaron de Ucrania y a enviar a integrantes propios para adquirir conocimientos relacionados con la guerra electrónica y el empleo avanzado de estos dispositivos.

La información también apunta a que especialistas colombianos con experiencia en drones habrían sido llevados a México para capacitar a operadores conocidos coloquialmente como “droneros”. Las autoridades estadounidenses estarían siguiendo esta evolución debido al potencial que tendría para aumentar las capacidades de los grupos criminales.

La preocupación ocurre mientras las autoridades de Estados Unidos incrementan sus esfuerzos para detectar y neutralizar drones utilizados cerca de la frontera con México. En octubre de 2026, Reuters reportó que el Ejército estadounidense había intensificado pruebas de tecnologías contra drones y que el número de incursiones de estos aparatos en determinadas zonas fronterizas había aumentado.

 

El CJNG y Sinaloa ya tienen experiencia con drones

La posibilidad de que organizaciones mexicanas busquen conocimientos adicionales en Ucrania no parte de cero. El uso de drones por parte de los cárteles se ha documentado durante varios años y forma parte de una tendencia más amplia hacia la incorporación de tecnología comercial a las actividades del crimen organizado.

El CJNG y el Cártel de Sinaloa han sido señalados en distintos reportes por utilizar drones para tareas de vigilancia y ataques. En algunas regiones, los grupos criminales también han recurrido a dispositivos modificados para transportar explosivos, lo que ha generado una nueva preocupación para las fuerzas de seguridad mexicanas.

La evolución tecnológica representa un desafío porque los drones comerciales son relativamente accesibles y la información necesaria para utilizarlos puede circular ampliamente en internet. A ello se suma que la experiencia adquirida en escenarios de guerra puede ser difundida rápidamente entre operadores que no necesariamente pertenecen a fuerzas militares.

Reportes sobre el conflicto en Ucrania han mostrado precisamente cómo los combatientes han desarrollado nuevas formas de utilizar drones y cómo esas experiencias se comparten mediante redes digitales. Para los grupos criminales, el acceso a ese conocimiento podría representar una oportunidad para perfeccionar capacidades que ya habían comenzado a desarrollar por su cuenta.

 

La guerra en Ucrania también está cambiando la seguridad en América Latina

El fenómeno no se limita a México. Colombia ha experimentado también un crecimiento en el uso de drones por parte de organizaciones armadas y grupos criminales. The Guardian reportó que los ataques con estos dispositivos se han convertido en una amenaza creciente dentro del conflicto colombiano y que grupos armados han recurrido a drones comerciales modificados para realizar operaciones ofensivas.

La experiencia colombiana y la mexicana muestran que el fenómeno tiene características propias en América Latina, pero la guerra de Ucrania podría acelerar la transferencia de conocimientos entre regiones. El problema, por tanto, no consiste únicamente en la adquisición de un aparato, sino en el aprendizaje acumulado sobre su utilización en escenarios donde existen sistemas de vigilancia, interferencia electrónica y fuerzas de seguridad equipadas.

En este contexto, la posible participación de integrantes de organizaciones criminales latinoamericanas en estructuras de combate ucranianas adquiere una dimensión distinta. Si las investigaciones confirman que algunos individuos viajaron deliberadamente para obtener conocimientos militares y posteriormente trasladarlos a organizaciones criminales, el conflicto europeo podría convertirse indirectamente en una fuente de capacitación para grupos delictivos en América Latina.

 

No hay evidencia de que Ucrania entrene oficialmente a cárteles

Uno de los puntos que debe distinguirse con claridad es que las investigaciones mencionadas no demuestran que el gobierno de Ucrania esté entrenando deliberadamente a cárteles mexicanos o colombianos.

Los reportes se refieren a posibles casos de infiltración o utilización indebida de estructuras destinadas a recibir voluntarios extranjeros. La diferencia es importante: una cosa es que un individuo con presuntos vínculos criminales intente incorporarse a una estructura militar para obtener conocimientos y otra muy distinta es que exista una política oficial de las autoridades ucranianas para capacitar a organizaciones delictivas.

De hecho, las propias investigaciones descritas en los reportes internacionales apuntan a que las autoridades ucranianas y mexicanas han buscado identificar y frenar este tipo de infiltraciones. Por ello, cualquier afirmación sobre una supuesta colaboración institucional entre Ucrania y los cárteles carecería de sustento con la información disponible.

 

El antecedente de Los Zetas

México ya tiene antecedentes de organizaciones criminales que aprovecharon conocimientos provenientes de estructuras militares. El caso más conocido es el de Los Zetas, organización que originalmente estuvo integrada por exmilitares y que posteriormente desarrolló una estructura criminal con capacidades operativas considerablemente distintas a las de los grupos delictivos tradicionales.

Ese antecedente es utilizado por especialistas para explicar por qué las autoridades observan con preocupación cualquier transferencia de conocimientos militares hacia los cárteles. La diferencia actual es que la tecnología permite que ese proceso ocurra a una velocidad mucho mayor y que los conocimientos puedan trasladarse mediante redes digitales, entrenamiento presencial o contratación de especialistas.

La incorporación de drones representa así una nueva etapa en la transformación tecnológica del crimen organizado. La posibilidad de que integrantes de estos grupos busquen experiencia en un conflicto donde los vehículos aéreos no tripulados tienen un papel central agrega una dimensión internacional a una amenaza que hasta hace algunos años era principalmente local.

 

Una nueva preocupación para México y Estados Unidos

La posible conexión entre la guerra de Ucrania y el desarrollo tecnológico de los cárteles mexicanos plantea un desafío adicional para las autoridades de México, Estados Unidos, Colombia y Ucrania. La cooperación de inteligencia resulta particularmente relevante para identificar a personas que puedan intentar incorporarse a estructuras militares bajo identidades falsas o con objetivos distintos a los declarados.

Al mismo tiempo, el crecimiento del uso de drones obliga a las fuerzas de seguridad a desarrollar capacidades para detectar y responder a estos dispositivos sin asumir que todos los casos tienen el mismo origen o nivel de amenaza. La proliferación de tecnología comercial y la circulación de conocimientos por internet hacen cada vez más difícil contener este tipo de capacidades únicamente mediante controles tradicionales.

Por ahora, las investigaciones sobre mexicanos y colombianos presuntamente vinculados con organizaciones criminales que habrían buscado entrenamiento en Ucrania siguen siendo un asunto de inteligencia y seguridad. Sin embargo, los reportes internacionales muestran una tendencia que preocupa a las autoridades: la guerra de drones que se libra en Europa podría estar generando conocimientos que, de manera directa o indirecta, terminen llegando a los grupos criminales de América Latina.

El caso de “Águila-7” y las investigaciones sobre posibles operadores mexicanos y colombianos muestran que el problema ya no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de la guerra entre Rusia y Ucrania. También debe observarse como un fenómeno de transferencia internacional de capacidades tecnológicas y militares que podría modificar las amenazas que enfrentan México y otros países de la región.