El tiempo bajo control: el reloj nuclear que podría cambiar la ciencia

Científicos de Austria y Alemania desarrollan un reloj nuclear autónomo que corrige sus desviaciones y promete una estabilidad extraordinaria.

masclaro.mx
today 13/10/2026

Por Mario Victorino

 

Un nuevo avance científico podría cambiar el futuro de la medición del tiempo. Investigadores de la Universidad Técnica de Viena (TU Wien), en Austria, y del Instituto Nacional de Metrología de Alemania (PTB) desarrollaron un reloj nuclear autónomo capaz de corregir sus propias desviaciones de frecuencia y funcionar durante más de 24 horas sin intervención humana constante.

El dispositivo utiliza una transición energética del núcleo del torio-229, un isótopo que ha despertado un enorme interés científico por sus posibilidades para construir una nueva generación de relojes de precisión extrema.

De acuerdo con los resultados preliminares reportados, su estabilidad equivale a una desviación de apenas un segundo cada 30 millones de años. Sin embargo, esta cifra debe interpretarse como una estimación de rendimiento, no como el resultado de una prueba que haya durado millones de años ni como una garantía de exactitud absoluta.

El avance destaca por combinar una referencia nuclear con un sistema de control autónomo que permite mantener estable la frecuencia del reloj. Esta capacidad representa un paso importante para convertir los relojes nucleares en instrumentos prácticos para la investigación y las aplicaciones tecnológicas del futuro.

 

¿Cómo funciona el primer reloj nuclear autónomo?

Los relojes convencionales utilizan mecanismos periódicos para medir el tiempo. Los relojes mecánicos recurren a oscilaciones de piezas físicas, mientras que los relojes atómicos modernos se basan en transiciones energéticas de los electrones de determinados átomos.

El nuevo dispositivo sigue un principio diferente: utiliza una transición del núcleo atómico. En particular, se apoya en el torio-229, cuyo núcleo puede cambiar entre dos estados energéticos mediante una transición que resulta excepcionalmente accesible para los investigadores.

La ventaja de este enfoque es que el núcleo puede proporcionar una referencia de frecuencia muy estable. Al encontrarse protegido por la estructura atómica, es menos susceptible a determinadas perturbaciones ambientales que afectan a los electrones, aunque no está completamente aislado de todas las interferencias.

Para aprovechar esta propiedad, los científicos necesitan controlar con gran precisión la transición nuclear y compararla con una referencia óptica. Los cambios detectados permiten determinar si la frecuencia se ha desviado y aplicar correcciones.

La innovación del sistema consiste en integrar ese proceso de control para que el reloj pueda regularse por sí mismo durante periodos prolongados, sin depender de ajustes humanos continuos.

 

El torio-229, la clave para una nueva generación de relojes

El torio-229 ocupa un lugar especial en la investigación sobre relojes nucleares porque presenta una transición nuclear de energía relativamente baja frente a la mayoría de las transiciones conocidas en los núcleos atómicos.

Esta característica facilita su estudio con tecnologías láser y ópticas de alta precisión, lo que permite explorar una alternativa a los relojes atómicos tradicionales.

En los relojes atómicos, la referencia temporal se obtiene al medir una frecuencia asociada con una transición electrónica. En un reloj nuclear, la referencia procede de una transición en el núcleo, lo que podría reducir la influencia de ciertas perturbaciones externas.

No obstante, construir un instrumento funcional exige resolver varios problemas técnicos: identificar y excitar la transición con precisión, estabilizar los láseres, controlar el entorno experimental y desarrollar sistemas capaces de detectar desviaciones extremadamente pequeñas.

Por esa razón, el avance no significa que los relojes atómicos hayan quedado obsoletos. La tecnología nuclear continúa en desarrollo y deberá demostrar sus ventajas en pruebas comparativas y bajo diferentes condiciones de operación.

 

¿Qué significa perder un segundo cada 30 millones de años?

La equivalencia de un segundo cada 30 millones de años es la cifra que más ha llamado la atención del nuevo desarrollo. Para dimensionarla, se trata de una escala de estabilidad extraordinariamente alta, que ilustra el potencial de los instrumentos de medición de nueva generación.

Sin embargo, es importante distinguir dos conceptos: estabilidad y exactitud.

La estabilidad indica cuánto cambia la frecuencia de un reloj a lo largo del tiempo. La exactitud, por su parte, describe qué tan cerca está la medición de la referencia correcta.

Un reloj puede mantener una frecuencia muy estable y, aun así, presentar una desviación respecto de una referencia ideal. Por eso, la equivalencia temporal anunciada no debe interpretarse automáticamente como una medición definitiva de exactitud.

Tampoco implica que el dispositivo haya sido probado durante 30 millones de años. Estas cifras se obtienen mediante la caracterización del instrumento y la extrapolación de su comportamiento bajo determinadas condiciones.

La importancia del resultado está en demostrar que la tecnología puede mantener una referencia temporal muy estable y corregir sus desviaciones de manera autónoma.

 

¿Por qué es importante que el reloj pueda corregirse solo?

Los relojes de máxima precisión requieren sistemas de control para conservar su frecuencia de referencia. Si las condiciones del entorno cambian o los componentes presentan pequeñas variaciones, el dispositivo puede desviarse y necesitar ajustes.

Un sistema autónomo busca reducir esa dependencia. Al detectar las desviaciones y corregirlas internamente, el reloj puede conservar su funcionamiento durante periodos prolongados sin supervisión humana constante.

En el caso del nuevo prototipo, la posibilidad de operar como un sistema cerrado durante más de un día representa un avance hacia una tecnología más práctica.

La autonomía también es relevante para futuras aplicaciones en las que el instrumento deba funcionar durante largos periodos, en instalaciones remotas o en entornos donde los ajustes frecuentes resulten complicados.

Aun así, un funcionamiento autónomo superior a 24 horas no significa que el dispositivo sea completamente independiente de cualquier infraestructura. Su implementación práctica dependerá de los equipos ópticos, los sistemas electrónicos y las condiciones que necesite para operar.

 

Las posibles aplicaciones de los relojes nucleares

Si esta tecnología continúa avanzando, los relojes nucleares podrían tener repercusiones en distintas áreas de la ciencia y la tecnología.

 

a) Investigación de las leyes fundamentales de la física

Una de las aplicaciones más prometedoras consiste en estudiar si determinadas constantes fundamentales de la naturaleza cambian con el tiempo. Los relojes de alta precisión permiten comparar frecuencias con una sensibilidad extraordinaria y buscar variaciones que serían prácticamente imposibles de detectar con instrumentos convencionales.

Estas mediciones podrían ayudar a poner a prueba teorías físicas y ampliar la comprensión de las propiedades fundamentales del universo.

 

b) Navegación y sincronización

Los sistemas de navegación por satélite dependen de mediciones temporales muy precisas. Pequeñas diferencias en los relojes pueden convertirse en errores importantes al calcular posiciones y distancias.

En el futuro, relojes nucleares más compactos, robustos y precisos podrían contribuir a mejorar determinados sistemas de sincronización y navegación. Sin embargo, estas aplicaciones dependerán de que los dispositivos alcancen niveles de madurez tecnológica compatibles con su uso operativo.

 

c) Medición de la gravedad y estudio de la Tierra

La relatividad establece que el ritmo al que transcurre el tiempo depende, entre otros factores, de la intensidad del campo gravitatorio. Los relojes suficientemente precisos pueden detectar diferencias diminutas entre lugares situados a distintas alturas.

Esta propiedad permite investigar variaciones del campo gravitatorio y podría contribuir a mediciones geodésicas más precisas. Los relojes nucleares podrían ampliar estas posibilidades si logran superar los retos técnicos que todavía enfrentan.

 

d) Experimentos científicos de alta precisión

Los laboratorios de física necesitan referencias temporales confiables para comparar fenómenos, medir frecuencias y realizar experimentos reproducibles.

Un reloj nuclear estable y autónomo podría convertirse en una herramienta de gran valor para investigaciones que exigen controlar variaciones extremadamente pequeñas.

 

Los desafíos que todavía debe superar esta tecnología

A pesar de los resultados preliminares, los relojes nucleares aún enfrentan importantes desafíos antes de convertirse en instrumentos de uso generalizado.

Los equipos científicos deben mejorar la estabilidad de los sistemas láser, perfeccionar el control de la transición del torio-229 y comprobar que el rendimiento se mantiene en diferentes condiciones. También será necesario evaluar su fiabilidad durante periodos más largos y determinar cómo se compara con los relojes atómicos más avanzados.

Otro reto será reducir el tamaño y la complejidad de los componentes para facilitar su instalación fuera de los laboratorios especializados.

La autonomía también tendrá que demostrarse en periodos cada vez más prolongados. Aunque operar durante más de un día sin ajustes humanos constantes es un avance relevante, todavía no basta para establecer que el dispositivo puede funcionar de forma indefinida o sin mantenimiento.

La investigación representa, por tanto, una etapa importante en el desarrollo de relojes nucleares, pero todavía no supone el reemplazo inmediato de los sistemas de medición existentes.

 

Una nueva frontera en la medición del tiempo

El desarrollo conjunto de investigadores de Austria y Alemania muestra que los relojes nucleares están pasando de ser una posibilidad experimental a convertirse en sistemas cada vez más funcionales.

La combinación de una transición nuclear del torio-229 y un mecanismo autónomo de regulación ofrece una vía para conseguir referencias temporales de gran estabilidad.

Si futuras investigaciones confirman y mejoran estos resultados, la tecnología podría ayudar a desarrollar instrumentos capaces de medir el tiempo con una precisión sin precedentes y abrir nuevas oportunidades para la física fundamental, la navegación y la geodesia.

Por ahora, la cifra de un segundo cada 30 millones de años debe entenderse como una equivalencia provisional de estabilidad. Lo verdaderamente significativo es que los científicos han dado otro paso para construir un reloj nuclear que pueda corregirse por sí mismo y funcionar de manera autónoma.