El desafío del país cada vez más árido
México enfrenta 7 años de sequía extrema en 2026. Conoce el impacto en el sector agrícola, el Tratado de Aguas con EE. UU. y el costo hídrico de los alimentos.
Por Alejandro Ramos Magaña
Hasta principios de abril, cuatro estados de la República enfrentan condiciones de sequía extrema: Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, siendo Coahuila el estado más afectado por este fenómeno climático adverso. Asimismo, se registra sequía severa en los estados de Jalisco, norte de Sonora, centro de Sinaloa, sur de Michoacán, sur de Oaxaca, norte de Veracruz y sur de Yucatán.
De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), la crisis de sequía se concentra con mayor intensidad en la Cuenca del Río Bravo (Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas), región de la cual México continúa suministrando agua a los Estados Unidos, en cumplimiento con el Tratado de Aguas de 1944. A finales de 2025, el Presidente Donald Trump presionó a México para el envío de agua (246 millones de metros cúbicos antes del 31 de diciembre) a la zona agrícola estadounidense (Colorado, Nuevo México y Texas), amenazando con la aplicación de aranceles del 5% en caso de incumplimiento. A pesar de la crisis de sequía en la región norte del país, el gobierno mexicano ha entregado entre enero y marzo de este año casi 414 millones de metros cúbicos de agua (según la Comisión Internacional de Límites de Aguas -CILA-, organismo binacional México-Estados Unidos).
Si bien se ha cumplido con el compromiso internacional, el sector agrícola del norte de México experimenta severamente los impactos de la sequía extrema, la cual se pronostica que será de gran intensidad en 2026.
El país experimenta anualmente un incremento en la intensidad del calor, un desabasto de agua en las presas y la sobreexplotación de 157 acuíferos, de un total de 653.
Los patrones de precipitación continúan alterándose a nivel global y regional. En México, durante las últimas cuatro décadas, las precipitaciones han disminuido, principalmente en la región norte, con reducciones que alcanzan hasta el 50%, como se observa en Chihuahua y Sonora. Baja California, Baja California Sur, Nuevo León, Coahuila y Durango se encuentran en una trayectoria similar, según lo reportado por investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
Desde 2019, las sequías han impactado con mayor severidad a los estados del país que históricamente se caracterizaban como importantes productores de agua. México se encamina hacia siete años consecutivos de sequía extrema y severa.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) reportó en 2025 que la última década ha sido la más cálida registrada a nivel global. El año 2024 fue el más caluroso desde que se inició el monitoreo de la temperatura (1880), con la excepción de la Antártida y Australasia (región del Pacífico Sur). Sin embargo, los años 2023, 2024 y 2025 han sido los más calurosos en la historia, desde que se registra la temperatura. Los científicos proyectan que 2026 será el cuarto año consecutivo con temperaturas altas récord.
El incremento continuo de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a nivel mundial, impulsado principalmente por la quema persistente de combustibles fósiles y la deforestación, es la causa fundamental de estos fenómenos. Bosques, selvas y parques nacionales sufren los efectos adversos de la tala ilegal, el cambio de uso de suelo y la expansión urbana sin planificación.
El calentamiento global, un fenómeno innegable, continúa impactando el planeta, manifestándose en el aumento de las temperaturas atmosféricas y oceánicas. Este incremento en la temperatura del agua contribuye a la intensificación de la energía ciclónica, resultando en ciclones más potentes y destructivos.
En México, los años 2024 y 2025 registraron un récord histórico de sequía, afectando a 26 entidades federativas. En particular, estados como Chiapas, Oaxaca, San Luis Potosí, Tabasco, Yucatán, Tamaulipas y Veracruz, que históricamente se caracterizaban por su alta pluviosidad, experimentaron una reducción significativa en las precipitaciones, alcanzando apenas el 50% de sus patrones habituales.
La escasez de agua, derivada de la sobreexplotación de los acuíferos y la deforestación, junto con el déficit de lluvias y el cambio climático, continuará exacerbando el proceso de sequía. Este fenómeno podría desencadenar severas crisis alimentarias (hoy México importa cerca del 50% del maíz), de salud y económicas, derivadas de la variabilidad climática, las cuales se prevé que se vuelvan más frecuentes en México en los próximos años.
Es evidente que las temperaturas extremadamente altas continúan provocando muertes, afectaciones a la salud y una considerable pérdida de vida silvestre.
Desde que el Servicio Meteorológico Nacional inició la medición de las precipitaciones, en poco más de dos décadas, se presenta por primera vez una sequía prolongada y severa (desde 2019), la cual impacta a las entidades que anteriormente se caracterizaban por su abundancia de lluvias. Este tipo de sequías comienzan a generar los denominados corredores secos, como se observa actualmente en Centroamérica, desde Guatemala hasta Panamá, siendo Honduras el país más afectado.
Un número significativo de migrantes centroamericanos abandonan sus países debido a que, ante la escasez de agua, la producción agrícola se ve comprometida, dejándoles sin otra alternativa que la migración; sin embargo, la inseguridad y la pobreza también son factores determinantes en estos movimientos migratorios.
Dadas las temperaturas extremadamente altas, la gestión del agua se convierte en un aspecto crucial para la biodiversidad, especialmente considerando el ascenso histórico de las temperaturas.
DISTRIBUCIÓN DEL AGUA
De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en México el 77% del agua se destina a la agricultura; el 14% al abastecimiento público; el 5% a las termoeléctricas y el 4% a la industria. En consecuencia, el sector agrícola requiere una cantidad considerable de agua para la producción de alimentos.
Los costos asociados a la producción de alimentos, desde la perspectiva del recurso hídrico, son considerablemente elevados. La Semarnat proporciona ejemplos ilustrativos, incluso alarmantes, sobre el uso de agua para la generación de bienes. Por ejemplo, la producción de una hamburguesa requiere 2,400 litros de agua; un litro de leche, 1,000 litros; un huevo de 40 gramos, 135 litros; un vaso de jugo de naranja, 170 litros; una manzana, 70 litros; una rebanada de pan, 40 litros; una playera de algodón, 4,100 litros; un vaso de cerveza de 250 mililitros, 75 litros; una copa de vino de 125 mililitros, 120 litros; una tortilla de 25 gramos, 50 litros; una taza de café de 125 mililitros, 140 litros; un par de zapatos de cuero, 8,000 litros; y un microchip de 2 gramos, 32 litros de agua.
Este panorama de la demanda de agua para la producción de alimentos y bienes evidencia el desafío que enfrentará el país en los próximos años.
Cabe destacar que México es catalogado internacionalmente como uno de los países altamente vulnerables a la escasez de agua. Si bien aún no se han registrado migraciones masivas por hambre y falta de agua, sí se han presentado conflictos sociales por el recurso hídrico.
Sin duda, es imperativo medir el costo del agua, especialmente para la producción de alimentos. En este sentido, los agricultores deben establecer las bases de su producción en función de la disponibilidad del recurso. Se trata de crear conciencia y fomentar una mayor responsabilidad en el manejo de este recurso natural. Asimismo, se requieren políticas públicas que promuevan la innovación y revolucionen los campos tecnológicos para optimizar el manejo del vital líquido. Existe un serio rezago en el tratamiento de aguas residuales para su reúso, así como intensificar la cosecha de agua de lluvia, sanear ríos y decretar y cumplir con cero tala en bosques.