Qué se aprendió de la lección de Tula
El desastre del 6 de septiembre de 2021 en Tula, Hidalgo, debió ser una lección nacional. Pero a la fecha no lo ha sido.
Por Alejandro Ramos Magaña
El desastre del 6 de septiembre de 2021 en Tula, Hidalgo, debió ser una lección nacional. Pero a la fecha no lo ha sido.
Casi cinco años después, con un antecedente de junio de 2025 registrando el récord histórico de precipitaciones desde 1941, según Conagua y con el Valle de México rompiendo su marca el 31 de julio con 78 millones de metros cúbicos en una noche, seguimos con la misma infraestructura vieja, los mismos protocolos reactivos y la misma descoordinación. Persisten las inundaciones y daños a las viviendas e infraestructura urbana con graves impactos a la población.
En 2021 Tula dejó 14 pacientes muertos en el Hospital General de Zona No. 5 del IMSS por falla del suministro eléctrico y de la planta de emergencia, más de 30 mil damnificados por el desbordamiento del río Tula con aguas negras y pérdidas por más de 100 mil millones de pesos en vivienda, escuelas y comercios. Aún el escenario no es de recuperación.
La pregunta central nunca se respondió: ¿por qué nadie evacuó el hospital?
Laura Velázquez Alzúa, coordinadora Nacional de Protección Civil desde agosto de 2020, aseguró que sí alertó del riesgo de inundación pero que "no se pudieron comunicar" con el hospital. Zoé Robledo, director del IMSS, sostuvo que nunca recibieron alerta formal ni informal de una tormenta de grandes dimensiones.
La contradicción sigue vigente en los archivos oficiales. Sin sanción, sin renuncia, sin protocolo corregido, y sobre todo cuando el cambio climático endurece sus impactos con más calor y severas lluvias.
Y las recientes lluvias han afectado seriamente a los estados de Hidalgo, Estado de México, Chiapas, Ciudad de México, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Querétaro, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Tabasco, Veracruz, entre otros.
Y HOY LAS PREGUNTAS SON LAS MISMAS:
¿Quién alerta a quién cuando se caen las comunicaciones convencionales? ¿Qué sistema redundante tiene Protección Civil Nacional con estados y municipios? ¿Fallaron los radares o falló la cadena de mando? ¿Cuántos atlas de riesgo en el país se han actualizado y qué fondos existen para atender siniestros? ¿Los organismos de protección civil estatales y municipales cuentan con la infraestructura necesaria para atender los siniestros?
EL PATRÓN SE REPITE
El año pasado con el monzón de junio a septiembre y el fenómeno de La Niña -enfriamiento del Pacífico ecuatorial que incrementa lluvias en México-, el Servicio Meteorológico Nacional sí pronosticó con oportunidad. El problema no es el pronóstico, es el plan estratégico para prevenir y actuar con oportunidad. Y nuevamente estuvimos rebasados.
Justo hace una año, el 10 y 11 de agosto el Valle de México se colapsó. El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México registró 140 vuelos cancelados reportados por Aeroméxico, Líneas del Metro anegadas, la FES Aragón de la UNAM inundada, avenidas convertidas en ríos. Todo con aviso previo. La vulnerabilidad social va en aumento mientras permanece un sistema de drenaje rebasado y sin mayores inversiones, y con la falta de personal capacitado. El clientelismo domina áreas estratégicas en las instituciones y dependencias.
¿POR QUÉ QUEDA REBASADO EL SISTEMA? TRES FACTORES ESTRUCTURALES:
1. Drenaje obsoleto y hundido. Red vieja, sin mantenimiento mayor y con hundimientos diferenciales en el Valle de México debido a la sobreexplotación del acuífero. A eso se suma basura en calles, barrancas y cuerpos de agua que colapsa ductos.
2. Vivienda en riesgo permitido. Millones de casas autorizadas en barrancas, zonas lacustres, laderas, minas y fallas geológicas. Caso Iztapalapa, Xochimilco, Chalco, Tlalpan. Y el fenómeno se repite en otros estados.
3. Financiamiento incierto. En 2021 se extinguieron 109 fideicomisos, entre ellos el Fondo de Desastres Naturales (Fonden), creado en 1996 con 35 mil 140 millones de pesos al cierre. Hoy la prevención y la reconstrucción dependen de asignaciones discrecionales, sin reglas claras de operación.
A eso se suma, en el caso del Valle de México, la pérdida de zonas de amortiguamiento. Xochimilco, Tláhuac, Zumpango, Texcoco y Chalco deberían funcionar como vasos reguladores. Se urbanizan aceleradamente.
QUÉ DEBIÓ APRENDERSE DE TULA Y NO SE APRENDIÓ
La lección de Tula no era solo poner costales. Era reformular el sistema:
Primero, alerta hospitalaria prioritaria. Ningún hospital en zona inundable puede depender de una llamada telefónica. Se requiere red satelital redundante, plantas de emergencia en azoteas -no en sótanos- y protocolo de evacuación vertical obligatorio.
Segundo, infraestructura de absorción. No solo drenar, infiltrar. Pozos de absorción en cada parque y espacio verde, como lo plantea la UNAM, para recargar el acuífero del Valle de México que hoy es el más sobreexplotado del país. Cada metro cuadrado de concreto es un litro que no entra al subsuelo y que inundará una colonia baja. Y esto debe ser una lección para los estados y municipios del país.
Tercero, autoridad metropolitana con dientes. El río Tula no es de Hidalgo, es la salida de aguas negras de 22 millones de habitantes del Valle de México. Mientras Conagua, Protección Civil Nacional, estatal y municipal operen sin mando único metropolitano, la alerta se perderá en las redes burocráticas.
Cuarto, reconstrucción del Fonden con reglas. Sin fondo etiquetado, la prevención es discurso. La inversión en mantenimiento de drenaje y bombeo debe ser plurianual, no emergente.
El cambio climático ya reformuló los patrones de lluvia. Junio de 2025 lo demostró con récord nacional. Y este año el fenómeno El Niño (temperaturas altas en el Océano Pacífico y con lluvias intensas en diversas partes del mundo) continúan intensificando desastres por inundaciones, incendios forestales y temperaturas altas récord. No hay sorpresa meteorológica, hay sorpresa administrativa por estar rebasada.
Hace cinco años Tula evidenció que la falla no fue el radar, fue la comunicación final con quien debía actuar. La lección también del año pasado con un aeropuerto cerrado por la intensa lluvia y un Metro inundado, como sigue ocurriendo, son antecedentes que deberían sacudir las agendas de protección civil; tal parece que los desastres seguirán dominando ante los vacíos de los gobiernos.
EL RÍO TULA EN EL PLAN DE SANEAMIENTO
El río Tula hoy es parte central del Plan Nacional Hídrico. El gobierno federal lo incluyó entre los tres ríos más contaminados y prioritarios para saneamiento junto con el Atoyac y el Lerma-Santiago.
Según Semarnat y Conagua, el proyecto va "mucho más allá de los tubos" y tiene enfoque de cuenca: no solo el cauce principal, sino 27 microcuencas que lo alimentan. Recibe las aguas negras del Valle de México y descarga en la presa Endhó, en Hidalgo, uno de los cuerpos más contaminados del país.
En 2025 se invirtieron más de 600 millones de pesos en 17 proyectos y para 2026 están etiquetados más de 900 millones.
¿QUÉ SE HACE?
• Construcción de 38 km de colectores en Tula, Atotonilco y Atitalaquia.
• Rehabilitación de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de CFE y optimización de Atotonilco, la más grande de América Latina
• 90 sitios de monitoreo manual y 21 estaciones automáticas de calidad del agua
• Desazolve de 5.2 km, estabilización de taludes y reconstrucción de 2.5 km del bordo de Bojay con 467 millones de pesos para proteger a San Lorenzo, San Marcos y San Francisco Bojay.
• Inspección a 62 industrias en 2025, 25 regularizadas. En 2026 se capacitará a 48 y se inspeccionará a 70.
• Restauración forestal en 693 hectáreas, 100 a 1,700 hectáreas en conservación voluntaria, saneamiento de 1,600 árboles ribereños y control de lirio y mosco Cúlex en presa Endhó.
La primera etapa, de 74 de los 191 km del río, lleva 62% de avance según Conagua en julio de 2025.
La iniciativa de la Federación es acertada, pero es importante esperar el resultado final para evaluar en conjunto este plan de saneamiento.
Al tiempo.
Mientras tanto, necesitamos funcionarios certificados en el puesto, no operadores de discurso. Y un sistema de Protección Civil que no dependa de si entra o no una llamada.