De Jesús de Nazaret al Tercer Reich: el oscuro viaje de la supuesta Lanza Sagrada
La Lanza Sagrada que hirió a Cristo: reliquia imperial, mito de poder, obsesión de Napoleón y botín nazi recuperado tras la guerra.
Por Mario Victorino
Pocas reliquias han cargado con tanto simbolismo como la llamada Lanza Sagrada o Lanza de Longino. Según la tradición cristiana, fue el arma con la que un soldado romano perforó el costado de Jesús durante la crucifixión. A partir de ese momento, la pieza dejó de ser un instrumento militar para convertirse en objeto sagrado, símbolo de legitimidad imperial y, siglos después, en obsesión del nazismo encabezado por Adolf Hitler.
Su historia combina fe, mito, ambición política y propaganda ideológica.
El origen: la herida que cambió la historia
El relato aparece en el Evangelio de Juan, donde se describe cómo un soldado romano atravesó el costado de Jesús para confirmar su muerte. De la herida brotaron sangre y agua, interpretadas por la tradición cristiana como signos espirituales profundos. Con el tiempo, ese soldado fue identificado como Longino.
“La lanza se convirtió en una prueba física del sacrificio”, explica el historiador británico Roger Collins, especialista en cristianismo medieval. “Para los creyentes, representaba el contacto directo con el momento más sagrado del cristianismo”.
Aunque no existe evidencia arqueológica concluyente que confirme que la pieza conservada en Europa sea la original del siglo I, su valor simbólico creció durante siglos.
De Jerusalén al poder imperial europeo
En la Edad Media, la Lanza Sagrada pasó a formar parte de las insignias del Sacro Imperio Romano Germánico. Se creía que quien la poseyera tenía legitimidad divina para gobernar.
La tradición sostiene que Carlomagno la llevó consigo en campañas militares. Más tarde, emperadores como Federico I Barbarroja reforzaron la idea de que la lanza otorgaba invencibilidad.
“El poder medieval se sostenía en símbolos sagrados”, señala el medievalista alemán Gerd Althoff. “La lanza era una herramienta política tanto como religiosa”.
Con el tiempo, la reliquia quedó bajo custodia imperial en Viena y actualmente se exhibe en el Palacio de Hofburg, dentro del Tesoro Imperial administrado por el Kunsthistorisches Museum.
¿Napoleón intentó apoderarse de ella?
Diversas versiones sostienen que Napoleón Bonaparte mostró interés en la Lanza Sagrada durante sus campañas europeas. Aunque no hay documentos que prueben una orden directa para capturarla, la narrativa ha sido retomada por historiadores y divulgadores.
El historiador francés Jean Tulard, experto en el Imperio napoleónico, ha señalado que Napoleón comprendía el valor simbólico de las reliquias imperiales. “No era un místico, pero sabía que los objetos históricos legitimaban el poder”, sostiene en sus estudios sobre el imaginario napoleónico.
Hitler, el Tercer Reich y la apropiación simbólica
El episodio mejor documentado ocurrió tras la anexión de Austria en 1938. Después del Anschluss, Adolf Hitler ordenó trasladar las joyas imperiales —incluida la Lanza Sagrada— desde Viena hasta Núremberg, ciudad clave en la simbología del régimen nazi.
El historiador británico Ian Kershaw, uno de los principales biógrafos de Hitler, ha explicado que el líder nazi buscaba construir una continuidad histórica entre el Sacro Imperio y el Tercer Reich. “El uso de símbolos imperiales era parte central de la propaganda nazi”, ha señalado.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la lanza fue almacenada en una bóveda subterránea en Núremberg. En 1945, fue recuperada por tropas del Ejército de Estados Unidos y posteriormente devuelta a Austria.
¿Es auténtica la Lanza Sagrada?
Estudios metalúrgicos realizados en Austria indican que la hoja conservada en el Palacio de Hofburg data aproximadamente del siglo VII. También contiene un clavo añadido en la Edad Media que durante siglos fue venerado como uno de los clavos de la Crucifixión.
El historiador de religiones Bart D. Ehrman ha señalado que muchas reliquias medievales surgieron en contextos donde la fe y la política estaban estrechamente entrelazadas. “La autenticidad histórica no siempre fue la prioridad; lo central era el significado espiritual y político”, explica en sus estudios sobre el cristianismo primitivo.
Además de la pieza de Viena, existen otras lanzas que reclaman autenticidad, incluida una conservada en Armenia.
Fe, mito y poder
Desde el relato del Evangelio de Juan hasta la propaganda del Tercer Reich, la Lanza Sagrada ha atravesado casi dos mil años de historia. Emperadores como Carlomagno, líderes militares como Napoleón Bonaparte y dictadores como Adolf Hitler entendieron —cada uno a su manera— el valor simbólico del objeto.
Hoy permanece como una reliquia histórica que demuestra cómo la fe puede transformarse en herramienta de poder y cómo los mitos pueden influir en decisiones políticas reales.