Sheinbaum va por una "cirugía mayor" al sistema electoral: Menos senadores y austeridad bajo fuego
Sheinbaum impulsa reforma para achicar el Senado y recortar fondos a partidos. Oposición advierte golpe a minorías y aliados de la 4T resisten el plan.
Por Mario Victorino
La administración federal presentó una iniciativa que busca transformar el Poder Legislativo. Mientras el Gobierno defiende el ahorro, la oposición acusa un "atentado a la pluralidad" y los aliados de Morena amagan con encarecer su voto.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha decidido acelerar la consolidación del "segundo piso" de la Cuarta Transformación con una reforma electoral que busca rediseñar el mapa del poder en México. A través de la titular de la Secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, el Ejecutivo Federal propuso desmantelar la estructura actual del Senado de la República y aplicar un recorte drástico al financiamiento de los partidos, bajo la premisa de que "una democracia cara no es sinónimo de representación".
Un Senado compacto: El fin de las cuotas de cúpula
El núcleo de la propuesta es la eliminación de las senadurías de representación proporcional (plurinominales) de lista nacional. Actualmente, el Senado cuenta con 128 integrantes; la reforma busca un cuerpo más esbelto que, según Rosa Icela Rodríguez, obligue a los candidatos a "pisar territorio" y ganar su lugar en las urnas, terminando con los privilegios de las dirigencias partidistas.
Sin embargo, esta "dieta legislativa" ha encendido las alarmas. Figuras de la oposición, como el senador del PRI Manuel Añorve, han advertido que estos cambios no buscan eficiencia, sino rediseñar la representación política para "darle más poder a Morena y disminuir a las voces disidentes". Para el bloque opositor, eliminar a los plurinominales en el Senado es borrar el mecanismo que garantiza que las minorías tengan voz frente a la mayoría gobernante.
La resistencia interna: Aliados bajo presión
Curiosamente, el mayor obstáculo para Sheinbaum no solo está en la acera de enfrente. Sus socios estratégicos, el Partido Verde (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT), han mostrado reticencias. Al depender históricamente de las listas plurinominales y del financiamiento público para sobrevivir, estos partidos ven la reforma como una amenaza a su propia existencia.
Informes legislativos sugieren que la dirigencia del PVEM, encabezada por Karen Castrejón, ha determinado no respaldar la reforma tal como está planteada, buscando "encarecer su voto" a cambio de mantener ciertos privilegios de representación. Por su parte, el PT ha señalado que solo apoyarán cambios que signifiquen un "avance", dejando claro que la reducción de recursos y escaños podría ser interpretada como una regresión para las fuerzas políticas más pequeñas de la coalición.
"Un narco-pacto": La dura respuesta del PAN
Desde Acción Nacional, el tono ha sido aún más rudo. El dirigente nacional, Jorge Romero Herrera, afirmó que el PAN acudirá al debate con propuestas propias pero advirtió que no respaldarán cambios que debiliten al Instituto Nacional Electoral (INE). La oposición sostiene que, bajo el disfraz de la austeridad, se esconde un intento de "control totalitario".
"Cuando un gobierno quiere menos plurinominales, en realidad lo que quiere es menos oposición", señalan voces críticas desde el Congreso, argumentando que la figura del plurinominal fue diseñada precisamente para evitar las mayorías artificiales.
¿Ahorro o control político?
La reforma también contempla:
- Reducción del presupuesto a partidos: Un recorte de hasta el 30% en prerrogativas.
- Eliminación de los OPLE: Desaparecer los institutos electorales locales para centralizar todo en el INE.
- Voto electrónico y regulación de IA: Prohibición de bots y nuevas reglas para el uso de inteligencia artificial en campañas.
Rosa Icela Rodríguez ha defendido la postura oficial asegurando que "el pueblo de México demanda que los recursos se destinen a infraestructura y salud, no a burocracias doradas". No obstante, con un Congreso donde cada voto cuenta para alcanzar la mayoría calificada, Sheinbaum enfrenta el reto de convencer a sus aliados de que el ahorro vale el riesgo de su propio debilitamiento político.