México cada vez más caluroso
El cambio climático ya afecta a México. Conoce los riesgos en agua, economía y migración, y las claves de gobernanza para frenar la crisis.
Por Alejandro Ramos Magaña
El clima ya cambió. El cambio climático transforma todo: turismo, salud pública, economía, desarrollo urbano, movilidad, producción alimentaria y agotamiento de fuentes de agua.
Desde hace 30 años la comunidad científica advierte lo mismo: la actividad humana está modificando la composición química de la atmósfera. El aumento más importante es el del dióxido de carbono (CO₂), por quema de combustibles fósiles y por la pérdida acelerada de bosques, manglares, selvas y zonas costeras.
A las emisiones de CO₂ se suman el metano (CH₄) y el óxido nitroso (N₂O), que han alterado el balance térmico del planeta. A ello se añade la destrucción de bosques por tala ilegal, cambio de uso de suelo y asentamientos irregulares en áreas de conservación.
México aporta 1.3% de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a nivel mundial y ocupa el lugar 14 entre los mayores emisores. Hasta 2025 registró un aumento de temperatura de 1.8 °C, por arriba del promedio global de 1.4 °C.
Los impactos proyectados por expertos: mayor sequía, escasez de agua, crisis alimentaria y de productividad, daños a la salud y una pérdida estimada de 22% del PIB en 2030.
En migración interna, el Banco Mundial estima que México tendrá entre 1.4 y 3.1 millones de desplazados internos por causas climáticas en las próximas tres décadas, según el informe Groundswell. Los territorios expulsores: Campeche, Veracruz, Tabasco, Tamaulipas y Chiapas. Los receptores: el altiplano central. Ello implicará crear más vivienda, dotar de agua y generar empleo donde hoy ya hay déficit.
Semarnat reconoce que México pierde cada año 155 mil hectáreas de superficie natural. Sin esa cobertura vegetal se pierde la recarga de acuíferos y sube la temperatura. Hasta ahora no hay programa efectivo que detenga la destrucción.
La disponibilidad de agua debe tener la misma prioridad que la reducción de emisiones en la agenda climática. Los foros mundiales del agua se diluyeron. México está rezagado: ni siquiera se ha logrado el 100% de tratamiento de aguas residuales en todos los estados.
Los impactos son evidentes: ondas de calor más intensas y prolongadas, sequías severas, incendios forestales, deshielo de glaciares, aumento del nivel del mar, inundaciones y deslaves.
México asumió compromisos internacionales para reducir CO₂, CH₄ y N₂O en el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015). Pero debe mirar también agua y ordenamiento territorial. Mucho se habla de planeación urbana. En los hechos, va de lo mínimo a lo nulo. Un país con planeación evita la destrucción de superficies naturales.
Las iniciativas de crecimiento en el país apuntan contra la fragilidad de áreas verdes y suelo de conservación, ya sean Áreas Naturales Protegidas, parques nacionales o bosques urbanos.
QUÉ FALTA: GOBERNANZA, NO ADMINISTRACIÓN
Tres líneas deben estar en la agenda de gobernanza federal y local:
1. Monitoreo sistemático de los 653 acuíferos del país.
2. Fortalecimiento de infraestructura hidráulica y tratamiento de aguas residuales.
3. Recuperación de suelos y masa forestal.
Acciones que deben evaluarse periódicamente, independientemente de los acuerdos internacionales, porque son afectaciones concretas que se repiten con mayor incidencia.
La adaptación y la reducción de vulnerabilidad pasan por cuidar suelo de conservación y agua. Hay temas que no tienen que ver con cambio climático, pero sus soluciones sí mitigan sus efectos.
En México hay estudios sobre causas y efectos. Los más afectados: agricultura, agua, salud, flora, fauna y bosques.
Es necesario que la ciudadanía perciba con información precisa los alcances de estos problemas y las formas activas en que puede colaborar. Somos los ciudadanos quienes con nuestro comportamiento generamos estos problemas, y los gobiernos quienes los complican por posturas políticas, omisiones, corrupción e intereses económicos.
Seguir utilizando recursos finitos para solucionar problemas que nacen de la falta de sensibilidad y espíritu colectivo es prolongar la crisis climática con todos sus impactos de alto riesgo.
El deterioro del planeta nos envía signos inequívocos de catástrofes inminentes.