7:19 horas. A 41 años del sismo que nos enseñó a ser vecinos - A MANOLA: ¡Eternamente agradecidos por tu extraordinaria compañía!

A las 7:19 horas del jueves 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México dejó de ser la metrópoli que era. Un sismo de 8.1 sacudió el subsuelo del Pacífico y, en dos minutos, impactó la Unidad Tlatelolco, el Centro y la colonia Roma, principalmente, y derrumbó la idea de que el gobierno podía solo. De los escombros no solo salieron 10 mil muertos: salió la sociedad civil con estrategia y liderazgo.

masclaro.mx
today 18/09/2026

Por Alejandro Ramos Magaña

 

A las 7:19 horas del jueves 19 de septiembre de 1985, la Ciudad de México dejó de ser la metrópoli que era. Un sismo de 8.1 sacudió el subsuelo del Pacífico y, en dos minutos, impactó la Unidad Tlatelolco, el Centro y la colonia Roma, principalmente, y derrumbó la idea de que el gobierno podía solo. De los escombros no solo salieron 10 mil muertos: salió la sociedad civil con estrategia y liderazgo.

Este 19 de septiembre de 2026 se cumplen 41 años de uno de los movimientos telúricos más devastadores de los que se tiene registro en México. El saldo fue de miles de muertos y heridos, y los daños materiales fueron de grandes proporciones de entre 4 mil y 5 mil millones de dólares. La hoy Alcaldía Cuauhtémoc fue la más afectada al concentrar el 56% de los daños totales, ya que su ubicación es sobre lo que fue un antiguo lago.

Ante esa experiencia dramática, la sociedad civil dio una lección histórica de organización y solidaridad, muy superior a las acciones del gobierno federal de Miguel de la Madrid y del regente del entonces Departamento del Distrito Federal, Ramón Aguirre. Tras los sismos se desencadenaron procesos sociales e institucionales para fortalecer la protección civil, se impulsaron nuevas leyes de construcción y se crearon organismos científicos encargados de estudiar y monitorear los grandes riesgos geológicos del Valle de México.

La Cuenca del Valle de México, por su origen geológico y ubicación geográfica, así como por su grado de urbanización caótica y sin planeación, posee una alta vulnerabilidad a fenómenos naturales: sismos, vulcanismo, hidrológicos y agrietamiento del subsuelo, entre otros.

En el marco de los 41 años de los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985 —que dejaron más de 10 mil muertos en la Ciudad de México; la Embajada de Estados Unidos estimó entonces 35 mil decesos—, es importante subrayar los riesgos geológicos por la alta sismicidad en la región.

Previo a la catástrofe de 1985, el sismo más impactante en la Ciudad de México había ocurrido el 28 de julio de 1957, que provocó la muerte de 700 personas, hirió a 2 mil 500 y causó daños por 25 millones de dólares de la época, cuando cayó el Ángel de la Independencia y colapsaron varios inmuebles.

En el país se registra el 8% de los sismos que ocurren a nivel global. En el mundo se originan anualmente casi 56 mil temblores de diferente magnitud.

A las 07:19 horas del 19 de septiembre de 1985, un minuto y medio bastó para que los capitalinos descubrieran las condiciones en que se encontraban sus construcciones. La Ciudad de México es una de las más sensibles a los sismos en el mundo, y con esa experiencia se comenzó a dar mayor interés a los estudios técnicos y científicos para comprender de qué manera los fenómenos naturales del subsuelo repercuten en daños estructurales.

 

HACE NUEVE AÑOS

También este 19 de septiembre se cumplen nueve años del sismo de 2017, que dejó 370 muertos, 7 mil 289 heridos y daños en 10 entidades del país, incluida la Ciudad de México, donde se presentaron los mayores daños.

Nuevamente, la sociedad civil puso el ejemplo al reaccionar de forma inmediata y organizada.

Tanto en 1985 como en 2017 afloraron grandes signos de corrupción en las obras y en la supervisión.

 

NATURALEZA

La Tierra es un planeta dinámico, vivo; en su interior se mantiene en constante movimiento. El interior del planeta consta de tres capas principales: corteza, manto y núcleo. La corteza terrestre, en la cual vivimos, es muy delgada y, según los científicos, flota sobre un manto de roca muy caliente.

Los sismos se producen cada vez que se parten o deslizan las rocas que forman la capa sólida exterior de la Tierra. Todo empieza cuando el movimiento de las capas comienza a deformar gradualmente las rocas y, con el tiempo, estas ya no resisten la presión y se quiebran violentamente. La energía acumulada se libera y produce ondas que viajan en el manto de roca; a este movimiento se le llama sismo, temblor o terremoto, que en esencia es lo mismo.

De acuerdo con los sismólogos, estos movimientos emiten dos tipos de ondas sísmicas: ondas P, que son primarias y expanden y contraen la superficie a su paso; y ondas S, que son secundarias, más poderosas, y deforman la corteza terrestre conforme pasan por los bancos de rocas del subsuelo. Cada temblor tiene su propia magnitud y, por consiguiente, su estela de daños en la superficie.

Por ejemplo, un sismo de magnitud 7 equivale a 900 sismos de magnitud 5, a 30 de magnitud 6 o a 900 bombas atómicas.

Una de las zonas monitoreadas en las últimas décadas por los científicos es la llamada Brecha de Guerrero, de aproximadamente 200 kilómetros, ubicada entre Acapulco e Ixtapa Zihuatanejo, debido a que desde 1911 no ha ocurrido un sismo mayor de magnitud 7. Es por ello que en esa franja costera se han colocado instrumentos del Sistema de Alerta Sísmica.

Los investigadores del Instituto de Geofísica de la UNAM advierten que es un lugar donde ya se ha acumulado suficiente energía, por lo que es un vacío sísmico maduro que en cualquier momento puede liberar energía. La distancia de la Brecha de Guerrero a la Ciudad de México es de alrededor de 300 kilómetros, por lo que un sismo de magnitud 7 o mayor sería destructivo para la metrópoli.

En el océano Pacífico se encuentra la Placa de Cocos, una de las placas tectónicas con mayor actividad en el mundo. Por su cercanía con la costa de Guerrero, cualquier movimiento se transforma en un sismo cuyas ondas recorren más de 300 kilómetros y llegan a la Ciudad de México en 60 segundos.

Científicamente no se sabe cuándo vendrá un sismo desde la Brecha de Guerrero, pero la Placa de Cocos continúa su movimiento lento y acumulando energía. Los últimos registros datan de 1899, cuando tembló con magnitud de 7.5, y de 1911, con 7.7.

Lo que sí aseguran los sismólogos es que de la Brecha de Guerrero vendrá un sismo importante que podría tener repercusiones de considerable peligro para la Ciudad de México.

Ante la incertidumbre, lo que la población sí puede hacer es estar mejor preparada, tomar las cosas en serio, aprender a convivir con el riesgo, aceptarlo y manejarlo, y no de manera traumática.

Hoy se ha generado mucha información sobre los riesgos geológicos en la Cuenca del Valle de México, y lo importante es que cada año las autoridades de los tres órdenes de gobierno —federal, estatal y local— actualicen los programas de Desarrollo Urbano y Protección Civil, tomando en cuenta las variables de vulnerabilidad.

El aspecto geológico es muy importante que se incluya en los programas de desarrollo urbano.

El desastre del Cerro del Chiquihuite, en Tlalnepantla (2021), o las trágicas inundaciones en Tula, Hidalgo (2021), nos envían señales de la lentitud, ignorancia, omisión y hasta corrupción que existe en los gobiernos.

¿De qué nos sirve tener un gran banco de datos científicos sobre los riesgos geológicos cuando las acciones de gobierno son difusas, omisas y corruptas? Por años se ha dejado que la gente se asiente en zonas de alta vulnerabilidad, y los dejan hasta que se consoliden colonias, y al paso del tiempo viene la tragedia. Los desastres se desarrollan, no se presentan al momento.

La corrupción empieza desde que se deja que la gente ocupe laderas, que construya en zonas de agrietamiento del subsuelo o que invada barrancas o el suelo de conservación.

Las reacciones siempre son más costosas que las acciones preventivas.

Hoy la sociedad está mejor preparada en comparación con 1985. La Red de Banda Ancha del Servicio Sismológico Nacional está distribuida en toda la República para el monitoreo continuo de los fenómenos sísmicos. También la innovación tecnológica está a la vanguardia en materia de protección civil: se tienen mapas sísmicos de todo el Valle de México, 11 entidades cuentan con Sistema de Alerta Sísmica y el Servicio Sismológico Nacional ampliará su red al sumar 58 estaciones a las 100 que actualmente operan —30 en el Valle de México y 70 en otras entidades—. Las nuevas estaciones estarán en la región norte, principalmente en Chihuahua, Sonora, Coahuila, Nuevo León y la península de Baja California, y fortalecerán la cobertura en la zona sur, en Oaxaca.

Cabe precisar que el SSN registra diariamente, en promedio, 100 sismos en el país y, además, es el organismo autorizado para dar información sobre la ubicación y magnitud de los sismos.

También es importante subrayar que se mantengan los planes de simulacros en el país, principalmente en el Valle de México, y que las autoridades mantengan la actualización sistemática de los Atlas de Riesgo en las entidades.