Durante mucho tiempo imaginamos el cambio climático como una amenaza que llegaría en el futuro. Lo representamos mediante gráficas sobre el aumento de la temperatura, fotografías de glaciares distantes o pronósticos acerca de lo que podría ocurrir hacia la mitad del siglo. Esa forma de observarlo nos permitió mantenerlo lejos de nuestra vida cotidiana. Parecía grave, pero todavía remoto.