Riesgos de polvo tóxico en el hogar
México se posiciona como líder mundial en la presencia de polvo altamente tóxico, tanto en entornos urbanos como domésticos. Recientes investigaciones científicas han demostrado que el polvo presente en los hogares contiene metales pesados como cobre, manganeso, plomo y zinc, los cuales representan un riesgo significativo para la salud.
Por Alejandro Ramos Magaña
México se posiciona como líder mundial en la presencia de polvo altamente tóxico, tanto en entornos urbanos como domésticos. Recientes investigaciones científicas han demostrado que el polvo presente en los hogares contiene metales pesados como cobre, manganeso, plomo y zinc, los cuales representan un riesgo significativo para la salud.
El 5 de enero pasado, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) divulgó los resultados de un estudio realizado por un equipo de científicos del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA) y del Instituto de Geofísica (Igef), Unidad Morelia. Este estudio analizó el polvo, tanto interno como externo, en 14 ciudades del país. Se observaron las mayores concentraciones de contaminantes en Morelia, capital de Michoacán, y en la Ciudad de México. Cabe destacar que la Ciudad de México presenta una contaminación tres veces mayor en comparación con ciudades de países como el Reino Unido y España.
La atmósfera de la capital del país se ve afectada por diversas sustancias, incluyendo partículas suspendidas PM10 y PM2.5 (altamente nocivas para la salud), dióxido de carbono y óxidos de nitrógeno (precursor del ozono), entre otros. A estos contaminantes se suman ahora los metales pesados, que se mantienen en altas concentraciones tanto en el exterior como en espacios cerrados.
La investigación, coordinada por Francisco Bautista (CIGA) y Avtandil Gogichaishvili (Igef), consistió en una serie de análisis químicos y magnéticos del polvo presente en entornos urbanos, tanto en exteriores como en interiores de viviendas (incluyendo muebles, paredes, pisos y cortinas, entre otros). Los resultados revelaron una alta toxicidad del polvo.
Estos trabajos se iniciaron durante la pandemia por COVID-19 (2020-2022). Los investigadores solicitaron a propietarios de viviendas la recolección de muestras de polvo en interiores, siguiendo protocolos de investigación científica, para su posterior análisis. Adicionalmente, se analizaron muestras de polvo en hojas de plantas y en el aire.
Las conclusiones de la investigación son contundentes: se detectó una alta concentración de metales pesados, principalmente partículas magnéticas (45 mg/kg). En exteriores, se registraron concentraciones de 866 mg/kg de manganeso, 49 de níquel, 116 de cobre, 527 de zinc, 28 de antimonio y 118 de plomo. En interiores, se observaron concentraciones más altas de manganeso (680), níquel (62), cobre (386), zinc (1221), antimonio (30) y plomo (213).
El descubrimiento sorprendió a la comunidad científica, la cual inicialmente planteaba la hipótesis de que los niveles de contaminación eran superiores en el exterior urbano y menores en el interior de las viviendas. Sin embargo, los resultados indican que las viviendas generan sustancias tóxicas que se combinan con las mezclas tóxicas provenientes del exterior.
Los investigadores destacan que las actividades cotidianas, particularmente la cocción con gas, provocan el deterioro de la pintura de las paredes, generando polvo y minerales magnéticos como el óxido de hierro, lo que puede causar daños respiratorios y cutáneos, entre otros. Asimismo, el barniz de la madera de los muebles contiene metales pesados como el cadmio y el arsénico, utilizados para prevenir la infestación de termitas. Estos compuestos son carcinógenos.
Otro hallazgo significativo en las viviendas es la alta concentración de antimonio, atribuida a la degradación del plástico, lo que puede afectar el sistema endócrino, responsable de la regulación de la función reproductiva en hombres y mujeres, entre otras funciones.
Los expertos identifican tres vías de exposición a los contaminantes: oral, respiratoria y por contacto dérmico. En el caso de bebés y niños, la exposición dérmica al polvo tóxico es predominante, lo que los hace más susceptibles a enfermedades.
En exteriores, los investigadores analizaron hojas de plantas y árboles, que absorben la contaminación del aire y el polvo urbano, así como muestras de suelo. Cabe destacar que los experimentos de laboratorio detectaron concentraciones de contaminantes tóxicos en el hígado y riñón de los especímenes monitoreados en la Ciudad de México, y se encontraron partículas de hierro en el cerebro humano, lo que puede provocar daño neuronal, entre otras afectaciones.
Los científicos recomiendan una limpieza exhaustiva y metódica en los hogares, incluyendo la limpieza frecuente de cortinas o su renovación, ya que estas ayudan a mitigar la entrada de polvo tóxico proveniente del exterior. Asimismo, sugieren evitar el deterioro de la pintura en las paredes, así como el desgaste de la madera de los muebles y los plásticos. De igual manera, proponen la incorporación de jardines en las viviendas o la colocación de plantas en las ventanas para capturar los metales pesados que provienen del exterior. Finalmente, se recomienda intensificar el hábito de cambiarse los zapatos al ingresar a los hogares.
Los expertos publicaron la investigación en el libro titulado: “Los metales pesados en ambientes urbanos: herramientas para el diagnóstico y estudios de caso en ciudades mexicanas” (2024). Este libro se encuentra disponible para descarga gratuita en https://librosoa.unam.mx/handle/123456789/3861
DOS CASOS A CONSIDERAR: contaminación de microplásticos y la Termoeléctrica de Tula
En un informe sobre la calidad del aire, presentado en diciembre pasado, la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) informó la detección de microplásticos en la atmósfera de la Ciudad de México y en municipios conurbados del Estado de México.
Las autoridades destacaron que se trata de un fenómeno novedoso en la contaminación del aire, resultado de la degradación de diversos productos de plástico, los cuales están compuestos por materiales químicos, polímeros, ftalatos y bisfenol.
La dependencia ambiental ha señalado la necesidad imperiosa de realizar estudios exhaustivos sobre los microplásticos de alta toxicidad, con el fin de evaluar los posibles daños a la salud derivados de su inhalación o ingestión. Estos estudios permitirán el diseño de un protocolo eficaz para su control y mitigación.
Actualmente, se ha comprobado que los microplásticos contribuyen a la contaminación por ozono y a la formación de lluvias ácidas, lo que representa una amenaza significativa para el medio ambiente y la salud pública.
Por otro lado, el 5 de enero se cumplió un año desde el anuncio realizado por la presidenta Claudia Sheinbaum sobre la sustitución total del combustóleo por gas natural en la termoeléctrica “Francisco Pérez Ríos”, ubicada a aproximadamente 8 kilómetros de la ciudad de Tula, Hidalgo. No obstante, el avance de la transición energética se ha visto limitado por diversos factores, y según técnicos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), la conversión completa de la planta podría concretarse hasta el 2029 (justo en plena carrera presidencial al 2030, lo que puede alterar el plan).
De acuerdo con información proporcionada por trabajadores de la CFE, la modernización de este complejo industrial requiere inversiones multimillonarias. Dada la limitación de los presupuestos disponibles, el alcance del proyecto se encuentra restringido.
En la actualidad, la transformación de la Termoeléctrica de Tula se encuentra únicamente en fase de planificación. El 80% de su operación se realiza con combustóleo, mientras que el 20% restante utiliza gas natural. En consecuencia, la emisión de partículas de azufre persiste a niveles elevados, representando un riesgo significativo para la salud de millones de personas en el estado de Hidalgo y en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, también conocida como Valle de México.
Investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM han determinado que la presencia de compuestos inorgánicos de carbono, nitrógeno, dióxido de azufre, hidrocarburos, metales y partículas suspendidas en la atmósfera ejerce un impacto significativo en la función pulmonar y/o cardiovascular de los individuos. La persistencia de nubes tóxicas en la atmósfera de la metrópoli conlleva consecuencias adversas, incluso fatales, para grupos vulnerables de la población, incluyendo aquellos con afecciones cardíacas o pulmonares crónicas, menores de cinco años de edad y adultos mayores.
Adicionalmente, la mala calidad del aire contribuye a la prevalencia del sobrepeso, la obesidad y la diabetes, reconocidas como la epidemia del siglo XXI.
Una de las principales fuentes de contaminación que diariamente emite su nube tóxica hacia la metrópoli es la termoeléctrica “Francisco Pérez Ríos”, la cual inició operaciones en 1975 con el propósito de generar energía eléctrica para el Valle de México. El aumento del dióxido de azufre en la atmósfera se atribuye al uso de combustóleo (combustible más contaminante a nivel mundial y que cada vez es más restringido y regulado su uso), para la generación de energía eléctrica en esta planta.
Durante varias décadas, esta termoeléctrica ha contaminado a Tula y a 19 poblaciones cercanas en el estado de Hidalgo, así como al Valle de México, debido a que los vientos que soplan hacia el sur de Hidalgo recorren una distancia de 80 kilómetros hasta alcanzar la Zona Metropolitana de la Ciudad de México, lo cual ocurre diariamente.
La nube tóxica, generada por la planta de la CFE, que baña al Valle de México es principalmente dióxido de azufre convertido en partículas finas PM2.5, las más dañinas a la salud.