Claudia Sheinbaum condena violencia en el Senado
La presidenta Claudia Sheinbaum se pronunció sobre el altercado entre Gerardo Fernández Noroña y Alejandro “Alito” Moreno en el Senado, calificando el hecho como una muestra del autoritarismo opositor. La confrontación desató una ola de reacciones políticas y demandas de sanción.

Por Mario Victorino
El enfrentamiento físico entre Gerardo Fernández Noroña y Alejandro “Alito” Moreno en el Senado continúa generando repercusiones políticas. A menos de 24 horas del incidente, la presidenta Claudia Sheinbaum se posicionó públicamente, condenando la violencia ocurrida en el recinto legislativo y señalando al bloque opositor como responsable de una escalada autoritaria.
El altercado, que incluyó empujones, golpes y la agresión a un trabajador del Senado, ha sido calificado por diversos actores como un acto de violencia institucional. La presidenta evitó referirse directamente al proceso de desafuero solicitado contra Moreno, pero enmarcó lo ocurrido como una expresión del estilo político que caracteriza a la alianza opositora.
🧭 Narrativa presidencial: del autoritarismo al recuerdo universitario
En su posicionamiento, Sheinbaum trazó paralelismos entre la conducta de los legisladores opositores y prácticas violentas que históricamente han sido utilizadas para intimidar y controlar espacios públicos. La presidenta apeló a la memoria colectiva, evocando episodios de violencia estudiantil como referencia simbólica para ilustrar lo que considera una regresión democrática.
Este enfoque busca reforzar la narrativa oficialista que presenta al bloque opositor como una fuerza que recurre a la confrontación física cuando pierde el control del debate político. La estrategia también permite a Sheinbaum deslindarse de la violencia sin asumir una postura judicial directa, manteniendo el equilibrio entre condena moral y prudencia institucional.
⚖️ Implicaciones políticas y jurídicas
Mientras la Fiscalía General de la República analiza la viabilidad de iniciar un proceso de desafuero contra Moreno, el Congreso enfrenta una presión creciente para sancionar el comportamiento de sus integrantes. La Mesa Directiva del Senado convocó a una sesión extraordinaria para discutir medidas disciplinarias, mientras legisladores de Morena y el PT insisten en que no puede haber impunidad.
La postura de Sheinbaum refuerza el discurso oficialista en un momento clave, donde la gobernabilidad y la legitimidad institucional están en juego. El caso “Alito” podría convertirse en un parteaguas para redefinir los límites del fuero legislativo y el comportamiento parlamentario en México.